Así empieza una magnifica ranchera, que lo que es a mi, me
va de perlas para introducir esta entrada, en la que pretendo hacer un poco de
reflexión sobre lo acontecido en este año 2014, año del caballo, por cierto, en
la tradición china.
Ahora que hemos terminado los entrenamientos, y estamos al
filo de el verano y las fiestas de San Fermin, uno hecha la vista a tras y ve
que, definitivamente, esta ha sido una temporada muy distinta a la anterior. Si
2013 fue el año del Sanda, este ha
sido el de la vuelta a las raíces (y es que no hay Yin sin Yan). Si el año
pasado hicimos cross-training con
Boxeo y practicamos sin piedad el combate, este 2014 hemos entrenado formas,
aplicaciones y armas de manera intensiva; por tanto, si el año pasado echaba de
menos algo mas de tradicional, este me hubiese gustado pelear más… y es que
nunca estamos contentos, he?
En lo personal, ha sido un año magnificopara mi, ya que he
tenido a mi primer hijo (un chaval estupendo y fuerte, que seguro que va a
terminar con mi juventud), y en lo deportivo no puedo quejarme tampoco ya que conseguími primera medalla en un torneo de alto nivel, algo que me ha animado mucho a
seguir esforzándome por progresar en este camino del Kung Fu.
Mirando un poco hacia dentro, puedo estar satisfecho con mi
rendimiento, y a mis 35 años es posible que este en mi mejor forma física
(ciertamente el Hung Gar ha cumplido con migo en ese punto), aunque a nivel técnico
he detectado ciertos “descosidos” que sin duda me van a traer loco la temporada
que viene, si es que quiero mejorar de nivel de una vez por todas.
A cuenta de todo esto, el otro día me preguntaba un amigo mío,
que si tras entrenar estos años artes marciales (Karate decía el…) había obtenido lo que esperaba de ellas: mejorar mi
defensa personal, mi físico, quemar estrés y conocer gente interesante… y la
respuesta fue un SI.
Rotunda y sinceramente el Hung Gar ha cumplido mis expectativas
y objetivos, aunque aun me quede un largo camino por recorrer…
Pero ya lo
decía Bon Scott, “It´s a log way to the
top”
Me gusta la analogía japonesa del
camino cuando me refiero al proceso de aprendizaje de un arte marcial. Lo
encuentro grafico. De esta manera uno es el que lo recorre, y el aprendizaje es
el propio camino, un camino lleno de subidas y bajadas, repleto de alegría y
frustración… en definitiva un camino duro y lleno de dificultades.
Y en este camino de auto conocimiento
yhabilidad, a todos los artistas
marciales nos llega un momento en el que nos encontramos ante retos de difícil solución.
Dificultades complejas que bien podrían originarse en nuestra propia naturaleza
humana, y que nos lastran en el objetivo de seguir avanzando y mejorando. Ya no
es cuestión de saltar mas alto, pegar mas fuerte o ser mas ágil peleando… es cuestión
de pulir las 1000 sutilezas que en su momento dejamos de lado por apreciarlas
como menos importantes o que no terminamos de comprender en su justa medida,
pero que llegado a cierto nivel, son los auténticos marcadores que indican nuestro grado de habilidad.
La diferencia entre lo que esta
realmente bien y la mediocridad.
Estos “descosidos” en nuestra
técnica son complicados de solucionar, pues nos exigen nuestro mejor esfuerzo, al
ser vicios que llevamos muy dentro de nosotros mismos y nos impiden seguir
avanzando. Es en estos momentos en los que muchos veteranos abandonan el camino…
y excusas nunca nos han de faltar: “Mi
maestro no me enseña nada nuevo”, “Estoy harto de hacer siempre lo mismo”, “Ya
estoy mayor para esto”, “Nunca voy a poder hacer esto bien”... etc.
Son momentos críticos en la
carrera marcial de cada cual, y requieren una reflexión profunda y personal.
El budismo se suele referir a la
realidad apreciada por los sentidos como una realidad falsa, un juego de luces
y formas subjetivas, que esconden tras de si realidades objetivas… bajo este
punto de vista todas nuestras dudas son solo fantasmas e ilusiones, nuestros
propios demonios de ego, inseguridad y miedo asaltándonos en el camino como bandidos
al abrigo de la oscuridad, y con su “ruido” nos distraen
de la realidad objetiva subyacente: Que
no hay dificultad que no pueda ser superada con el tiempo y el esfuerzo
sincero.
Un consejo de perro viejo,
recordad siempre que nuestro objetivo debería ser el de llegar a ser tan buenos
como podamos ser, no necesariamente los mejores.
"Persiste,
sé constante, no abandones, lucha, y si te equivocas… Já!, suerte la tuya.
Quién pudiera equivocarse cada día, reconocerlo, quien pudiera mejorar de esa
manera… Porque cuanto más caemos más nos levantamos, porque cuanto más suframos
más aprenderemos.
Demuestra al mundo que puedes hacerlo mejor, con menos
medios y más dedicación".
Los malvados manchues han tomado
el poder, y están decididos a aplastar a todos los que se les opongan. Solo la
antigua escuela Shaolin de kung fu, descendiente del destruido templo del Sur,
permanece desafiante. Pero sus mejores luchadores son masacrados por dos asesinos
contratados por la corte imperial, ambos imbatidos maestros de kung fu. Desesperado,
el viejo maestro de Shaolin ordena a sus alumnos supervivientes viajar para
aprender los secretos del desaparecido templo, los únicos estilos y tácticas
con las que podrán derrotar a sus verdugos. Después de meses de privaciones y
duro entrenamiento, el mortal estilo de combate del Tigre y la Gruya es puesto a
prueba contra la invulnerable Camisa de Hierro manchu, en un combate a muerte…
un duelo que decidirá el futuro de los estilos descendientes de Shaolin.
Con este prometedora introducción,
los chicos de Shaw Brothers, nos
obsequiaron con una magnifica película de artes marciales al estilo del Hong
Kong de los años 70, o lo que es lo mismo, con muchos luchadores sin camisa, masacrándose
vilmente, con todos los clichés clásicos del genero.
Cabe destacar sin embargo, que esta película destaca en varios puntos,
teniendo varias coreografías marciales geniales, una caracterización y ambiente
bastante conseguido para la época, lo que la hacen una película digna de
genero, comparable con la famosísima “Las 36 cámaras de Shaolin” trabajo
más conocido del genial Gordon Liu, mucho más famosa en nuestro país, ya
que al contrario que “Shaolin Martial Arts” si fue traducida al
castellano.
Las dos escuelas hermanadas... y esto sin salir de copas x-D
El Verano pasado algunos alumnos
de nuestra escuela hicimos un viaje a Villa Real con la sana intención de
compartir un día de entrenamiento con el Club de Kung Fu de Sifu Ruben Solera, y como no hay acción
sin reacción, ahora fueron ellos los que nos hicieron una visita.
Fue un fin de semana marcadamente
marcial, en el cual les mostramos algunas cosas que solemos hacer, procurando
por mi parte aprender también de ellos. En definitiva, resulto un conjunto de
entrenamientos muy interesantes, en los que yo me lleve como plato estrella el principio
de la forma Fu Pao o Boxeo combinado
del Tigre y el Leopardo (gracias Hondina), una forma que tenia ganas de
aprender, y que por cuestiones idiosincrásicas de nuestra escuela no había
tenido la oportunidad de tocar hasta ahora.
Solo me resta, mandar un
afectuoso saludo a nuestros amig@s de Villa Real.