lunes, 29 de junio de 2015

Como una cabra en el año de la Cabra: Reflexionando sobre el curso que termina.




Y asi tooodo el curso...

Como puede que sepáis, 2015 es el año de la Cabra según el horóscopo chino, que según dicen los iluminados, debería ser un año para la creatividad, inteligencia, seriedad y calma... pues para vosotros no lo se, pero lo que es para mi ha sido un año de adaptación forzosa y dificultades varias. Adaptación a mi nuevo papel de padre “responsable”, que no ha dejado de afectar (como no podía ser de otro modo) a mi Kung Fu, dándome mas de un dolor de cabeza.

En lo referente al curso que acabamos de cerrar en la Escuela Choom Yi Tong  de Hung Gar, pues podríamos decir que ha sido un año curioso. Por un lado hemos metido una marcha y media mas a nuestra preparación física, merced de las rutinas de crossfit que Sifu Patxi ha preparado para nosotros. Por el otro hemos trabajado las clases de forma mas eficiente, dedicando un tiempo especifico para cada cosa, ya sean formas, aplicaciones o sanda(combate deportivo), lo que nos ha permitido aprender mas formas de armas y mano vacía que en ningún otro año (no sin cierto esfuerzo, todo hay que decirlo).

En lo positivo, este año he perfeccionado mi Kung Chi Fook Fu Kuen (Domar al tigre a través del esfuerzo), además de aprender el Pakua Kuan (Palo largo de las 8 direcciones) y el Chei Mei Kuan (Palo corto). Fuimos a un par de competiciones en las que hubo de todo, pero de las que volvimos con varias y peleadas medallas.

En lo negativo, he de reconocer que no he sabido aprovechar el año de tal forma que pudiese dar el “salto de calidad” que pretendía, insistiendo tercamente en cometer los mismos errores de siempre, y que lastran mi progresión... probablemente por no lograr concentrarme al 100% en lo que estaba haciendo. Algo muy mío, y que mi reciente paternidad no ha favorecido precisamente. A nivel de curso, también he de lamentar que como cada año, muchos empiezan a aprender Kung Fu, pero son pocos los que terminan… parece algo endémico de las escuelas de artes marciales. Los nuevos alumnos entran con mucha ilusión, pero cuando se dan cuenta de lo duro que es, pierden el aplomo y desaparecen como llevados por el viento. Aprender artes marciales es duro caballeros, y sin constancia no se llega a ninguna parte.

Cerramos el curso con la tradicional cena, a la que nos acompañaron algunos de nuestros amigos de la la Escuela de Kung Fu de Vila Real, con Sifu Ruben a la cabeza. Aprovechando para ponernos al día de sus ambiciosos planes para el próximo torneo de Noviembre, con una modalidad de combate tradicional inédita, que pretende llevar el kung fu tradicional a la competición, en la que esta colaborando tambien Sifu Patxi, y que despertó mi mas sincero interés. Parece que en el curso que viene nos esperan emocionantes aventuras… ya os las iré contando.


Feliz verano para tod@s.

Reunidos para la ultima cena... a ver si veis a Judas

Cosas del Kao Liang...




jueves, 18 de junio de 2015

¿Proporcionalidad al repeler una agresión? Preguntas y Respuestas






En el mundo de las artes marciales se discute habitualmente respecto a si es conveniente la proporcionalidad de la respuesta en caso de sufrir una agresión. Es un tema polémico y complejo que habría que abordar desde diferentes vertientes. Surgen interrogantes como:
  • ¿qué puede entenderse por respuesta proporcional?
  • ¿la exige la ley?
  • ¿es conveniente medir la respuesta o puede resultar peligroso?
  • ¿hasta qué punto es moralmente aceptable causar daño a otra persona?

Pretendemos en el presente artículo presentar los argumentos e información necesaria para que cada artista marcial pueda dar su propia respuesta a estas preguntas, aunque en ocasiones la opinión del autor quede también reflejada en el texto.

Pero antes de abordar las cuestiones planteadas debemos aclarar a qué nos referimos  al hablar de repeler o dar respuesta a una agresión. En el caso de que alguna persona o personas traten de atentar contra nuestra integridad física o la de otros, en ese caso habremos de defenderla de manera inmediata con los medios a nuestro alcance. Ésta defensa será la respuesta a la agresión.


1. ¿Qué puede entenderse por respuesta proporcional?


Resulta bastante difícil dar una definición de lo que es una respuesta proporcional a una agresión.
Podría considerarse que es aquella que provoca un daño similar o menor del que evita, es decir, que si el agresor intenta empujarme no sería proporcional romperle la nariz de un golpe porque el daño causado es mayor que el posible daño sufrido. Sí sería proporcional por ejemplo empujar también al agresor o forcejear con él. Evidentemente esta teoría no es válida, porque supone que adivinamos las intenciones del agresor, algo que no está en nuestra mano.

También puede entenderse que la respuesta proporcional es aquella que inflige al agresor  el mínimo daño necesario para asegurar la efectividad de la defensa. O lo que es lo mismo, que hace el daño justo y necesario para evitar la agresión. Si como en el supuesto anterior el agresor intenta empujarnos, el daño mínimo sería “ninguno”, pues cabe la posibilidad de simplemente apartarse. Tampoco aceptamos esta interpretación, puesto que todos sabemos lo difícil que es reaccionar adecuadamente a una agresión (y mucho más aún si no se tiene formación en autodefensa)  y no es exigible que la respuesta sea además la que minimiza los daños del adversario. Bastante tendremos con evitar los daños propios.

Entran por otra parte en juego los medios empleados. Si el sujeto que nos agrede lo hace a mano vacía, tal vez no sea proporcional responder con un arma blanca o de fuego. Sin embargo, parece absurdo pensar  que debamos correr el riesgo de sufrir daños graves por no emplear un medio a nuestro alcance y que reduzca notablemente el peligro de sufrirlos.

No nos aventuraremos por tanto a ofrecer una definición de respuesta proporcional a una agresión, lo cual es ya muestra inequívoca de la complejidad de la cuestión. En este caso tal vez habría que apelar al sentido común y al estudio de cada caso de manera particular.


2. ¿Exige la ley una respuesta proporcional a la agresión?




Haremos un análisis de lo que la ley española dicta respecto a la defensa de una agresión y sus posibles consecuencias.

El Artículo 20 del Codigo Penal Español es el que se refiere a la llamada legítima defensa o defensa propia y exime de responsabilidad al defensor si se cumplen tres condiciones: que sufra una agresión ilegítima, que el agredido no provocase la agresión  y que haya una necesidad racional de los medios empleados en la defensa.

Se entiende  “agresión ilegítima” un ataque a los bienes(consideraremos la integridad física como un bien) o la entrada sin permiso a nuestra vivienda.  La “falta de provocación” la supondremos, y mucho más tratándose de un artirta marcial, que debe tener los valores y la altura moral de no ir provocando situaciones de comflicto. El punto que se refiere (sin nombrarla como tal en ningún momento)a la respuesta proporcional es el que habla de necesidad racional de los medios empleados. Cómo puede observarse, esta condición es muy poco específica, y queda casi a criterio del juez considerar si nuestra respuesta ha sido una “necesidad racional” o ha sido desproporcionada. Podemos concluir que de alguna manera el artículo 20 sí exige proporcionalidad en la defensa, pero no determina claramente cómo se define esta proporcionalidad.

El Artículo 20 también exime de responsabilidad al que lesiona a otro en estado de necesidad para evitar un mal propio o ajeno, pero han de darse también tres condiciones:  que la situación de necesidad no haya sido provocada intencionadamente, que el necesitado no tengo obligación de sacrificarse (como un policía en determinadas situaciones, por ejemplo) y que  el mal causado no sea mayor que el mal que se trate de evitar. El el tercer requisito vemos de nuevo implícito el concepto de proporcionalidad, en este caso claramente definido. Como hemos señalado al responder la pregunta anterior no estamos de acuerdo con esta interpretación de la proporcionalidad, aunque evidentemente nuestra opinión es totalmente irrelevante frente a la ley.

En el caso de que nuestra respuesta fuese no fuese considerada una “necesidad racional” o causásemos un daño mayor que el que podríamos haber sufrido, podemos ser acusados de una falta o un delito de lesiones, según el  artículo 147. Si se golpease o maltratase al agresor habría que hacer frente a una pena de multa de uno a dos meses. Si se causase una lesión que únicamente requiera una asistencia médica inicial, la pena de multa podría aumentar hasta tres meses. Finalmente éste artículo determina que habrá “delito de lesiones” si éstas requieren “además de una primera asistencia facultativa, tratamiento médico o quirúrgico”. En este caso podría conllevar una pena de desde  3 meses a 12 años de cárcel, dependiendo de la gravedad de las lesiones, multas económicas e incluso compensaciones derivadas de la responsabilidad civil. Si se dieran los otros dos requisitos para considerar legítima defensa(agresión ilegítima y falta de provocación) serían atenuantes y podrían reducir la pena. Debemos señalar también que los casos de violencia de género están regulados por otros apartados de la ley.

Otra cuestión que suena a menudo es que el  hecho de practicar artes marciales tiene la misma consideración que el uso de un arma blanca. No es verdad, si bien es cierto que nuestros conocimientos y experiencia en artes marciales podría considerarse un abuso de superioridad, que es precisamente uno de los supuestos agravantes recogidos en el apartado correspondiente de la ley, el artículo 22 del código penal .

3. ¿ Es conveniente medir la respuesta o puede resultar peligroso?

En alguna ocasión he asistido a cursos de defensa personal en los que, atendiendo a la legislación vigente, han recomendado a los asistentes medir la respuesta a un ataque de manera que cause el mínimo daño posible. A veces incluso se recomienda tratar de deshacerse del agresor sin causar daño, con idea de disuadirle de continuar agrediéndonos. Respeto profundamente a las personas que defiendden tales afirmaciones, pero personalmente me parece una temeridad. Supone dar otra oportunidad al agresor, posibilitando además que emplee en los sucesivos ataques medios más peligrosos. Una primera agresión sin armas podría, si le damos ocasión al agresor, pasar a otra con arma blanca o de fuego.  Sin embargo, otro importante maestro nos dejó en una charla una frase que refleja muy claramente la opinión contraria. “Prefiero que me manden tabaco a que me manden flores” fueron sus palabras, en clara alusión a que prefiere la pena que le imponga el juez (incluso posible cárcel) a sufrir daños irreparables (por ejemplo la muerte). Soy de la opinión de que es peligroso calcular la respuesta en función de la agresión, y que salvo los profesionales (cuerpos de seguridad del estado, guardias de seguridad, etc…), debemos terminar lo antes posible la pelea independientemente del daño que sufra el agresor. Eso sí, considerando las graves consecuencias legales que pueden tener nuestras acciones en estos casos, comprendo la preocupación de muchos artistas marciales por adaptar dentro su posible su defensa a los requisitos que marcan las leyes.

4. ¿Hasta qué punto es moralmente aceptable causar daño a otra persona?




Además de las repercusiones legales, es importante ser consciente de las connotaciones morales que tiene el empleo de la violencia, aun cuando sea en defensa propia. Debiéramos preguntarnos hasta qué punto estamos dispuestos a hacer daño a otra persona y si moralmente para nosotros es todo válido a la hora de defendernos.

Cabe pensar que el agresor, al emplear la fuerza, nos legitima de alguna manera para emplearla nosotros también. Pero por otro lado un experto en artes marciales debería ser mucho más que un buen luchador: debería ser una buena persona. El respeto hacia el adversario, la piedad en su caso y el desprecio por la violencia han de ser, a mi parecer, pilares fundamentales de un artista marcial. No creo, como he señalado a lo largo de este artículo, en la conveniencia de responder proporcionalmente a una agresión porque no sabemos qué intención tiene nuestro adversario y limitarnos puede ser la diferencia entre salir bien o mal parado. Pero desde luego pienso que una vez neutralizada la amenaza  debe concluir nuestra acción e incluso, si como consecuencia de la lucha se han producido daño graves, debemos auxiliar al agresor. Desde luego no contemplo en el ámbito de las artes marciales la figura de la venganza o el ensañamiento. Creo que éste es el espíritu que debe dirigir las acciones del verdadero artista marcial.


Juan Antonio García Ruiz
www.karatekidokan.com

sábado, 6 de junio de 2015

A palos con el Chei Mei Kuan





El Chei Mei Kuan, o “palo corto” es una de las muchas armas que pueden aprenderse dentro del estilo Hung Gar Kuen. En realidad no es otra cosa que un palo o bastón recto de 150-170 cm de longitud por 3 o 4 cm de grosor, generalmente de una madera de cierta densidad, ya que se utiliza para atacar y bloquear los golpes del adversario.

Este “hermano menor” del Pa Kua Kuan (o palo largo, que ha de medir más de 200 cm y por tanto mas pesado) tiene una dinámica de uso muy distinta al primero. Así, donde el palo largo es pesado, manteniendo fácilmente a varios adversarios a distancia, mientras los fustiga desde muchos ángulos, el palo corto esta mejor preparado para realizar ataques y contraataques veloces, los cuales pueden combinarse fácilmente con patadas y desplazamientos destinados a hurtar el cuerpo del que lo utiliza. Es un arma que exige menos fuerza pero más velocidad y precisión para sacarle todo su misterio.


A pesar de ser un arma campesina (es solo un palo) puede resultar muy versatil


martes, 19 de mayo de 2015

Azuzando al tigre






Una cosa en la que no se suele pensar cuando se entrenan artes marciales es en el desgaste que el mismo entrenamiento, cuando este es duro y constante, produce en el cuerpo.

Ciertamente existen cien sistemas de entrenamiento diferentes entre los cientos de estilos y sistemas de artes marciales, por lo que “cada maestrillo tiene su librillo”, y ciertamente varian enormemente en intensidad y esfuerzo físico. Nosotros entrenamos Hung Gar Kuen, un estilo de Kung Fu que como reza el dicho “es para gente fuerte, o para aquella que quiere llegar a serlo”, y nuestro Sifu Patxi Oloriz nos lo enseña siguiendo ese espíritu (o al menos esa es mi percepción tras entrenar con el durante años).

Moraduras, cardenales, raspones y dolores musculares (de agujetas ya ni hablamos) son el calvario por el que te introduces en el estilo, y con el tiempo acabas por adquirir una actitud alegremente estoica hacia dichas molestias… luego están las lesiones algo mas serias, producto de malos golpes en las sesiones de sparring. Son poco comunes, en virtud de las protecciones que utilizamos para tal fin, pero ocurrir, ocurren (y es que no estamos aprendiendo bailes de salón…).

Así las cosas, recientemente se me dio el caso de que, arrastrando algunos malos golpes, poco descanso en virtud de mi reciente paternidad, y con la temporada de alergias a todo gas, al final termine por caer enfermo; y lo que es peor, me quede tan vacío de fuerza que tuve que parar en seco el entrenamiento y dejar correr los días mano sobre mano… lo que no seria tan grave si no tuviésemos un torneo a finales de Junio.

Así las cosas, he tenido algo de tiempo para meditar en la importancia que tiene el descanso para el rendimiento en esta o cualquier otra actividad deportiva intensa. A veces nos lesionaremos, y aunque solo sea por la pura inercia del hábito, nos resistimos a dejar de entrenar… a veces no esta mal, pero hay que aprender a escuchar al cuerpo. Si este nos indica que necesitamos recuperarnos, ganaremos mas tomándonos unos días de descanso que forzando la maquina para caer redondos poco después.

Luego ya solo es tema de reintroducirnos progresivamente en nuestras rutinas, y “azuzar al tigre”, nuestro Chi o fuerza interior, para volver al pie del cañón.

lunes, 11 de mayo de 2015

Sin City: Ida y Vuelta al Infierno






Un ex-marine condecorado, Wallace, se gana la vida como pintor, aunque no le va demasiado bien. Una noche, mientras conduce, se encuentra a Esther, una joven afroamericana que salta desde un acantilado con la intención de suicidarse…

Así comienza el último número de la exitosa serie de comics de género negro ambientados en la ciudad del pecado. Para los que no conozcan la serie, basta decir que la acción transcurre en una ciudad imaginaria, llamada Basin City (Sin City para los lugareños) que muy bien podría ser Las Vegas en la actualidad, con la que Frank Miller (su autor) alcanzo la excelencia en el juego de luces y sombras en que consiste su particular estilo de dibujo.

En “Ida y Vuelta al Infierno” el autor ha intentado cerrar la serie de Sin City, creando una historia con todos los tópicos del género (mujeres fatales, personajes amargados, corrupción, violencia, vicio y una desesperada búsqueda de libertad y justicia) pero que destaca sobre todas las anteriores, porque contra todo pronostico todo termina por salir bien (creo que es la única historia de la serie en la que esto sucede).

Cabe destacar también la alucinante explosión de color de algunas paginas (una rareza en el elegante blanco sobre negro de la serie), los guiños del autor a otros comics (propios y de otros autores) y sobretodo en como se convierte Wallace, el protagonista de esta historia, en el ultimo juez y verdugo de varios personajes icónicos de la serie, como el temible sicario Manute, la psicotica asesina de ojos azules, o el corrupto teniente Lewouzki.

Como comentario final, he de confesar que cuando lo leí por vez primera me pareció que la serie era algo floja comparada con las geniales “Mataría por ella”, “Ese cobarde bastardo” o “La gran matanza”, historias todas ellas de la misma serie, pero pasado el tiempo me he sorprendido a mi mismo leyéndola una y otra vez… y es que en el fondo todos queremos que una buena historia termine bien. Incluso en Sin City.




sábado, 25 de abril de 2015

Sudor, Extenuación y Dolor… un Sábado cualquiera entrenando Kung Fu.




El despertador salta en tu mesilla con su impertinente rugido. Lo apagas y te levantas de la cama. Es sábado y son los 08:00. Te lavas la cara y sacas de la cuna a tu hijo, le das el desayuno de los campeones, y mientras se lo toma aprovechas para desentumecerte con unos ejercicios de Chi Kung. Desayunas tú y te vistes con la ropa de entrenamiento. Una camiseta con el nombre de la escuela en Cantones, y un pantalón holgado gris (fue negro hace años, pero para lo que vas a hacer no hace falta que estés muy guapo). Le das un beso a tu mujer y sacas al perro. Cuando vuelvas, otro beso y al gimnasio.

Son las 09:30 y te encuentras con Rubén. Como siempre sois los primeros en llegar, y eso significa que tenéis que montar el altar. Lentamente colocáis las fotos de los maestros, Tang Fong y Chow Wing Tak, la del padre del sifu, y la de Kuan Kung, el patrón de las artes marciales chinas. Encendéis inciensos, tres reverencias y a calentar.

El resto de compañeros van llegando con calma y se unen al calentamiento. Unas vueltas al trote, movilidad, comba… como es sábado no toca la típica sesión de Cross-Fit, compuesta de una infernal sesión de series de flexiones, sentadillas, levantamientos de pesas, abdominales y carrera. Cuando Sifu Patxi lo considera adecuado os ponéis en línea y practicáis desplazamientos, combinaciones, barridos… luego por parejas a practicar estos movimientos con el compañero. Hoy toca doble bloqueo con los antebrazos, abrir su guardia, puño a las costillas y agarron de la nuca con zancadilla para tirarlo al suelo.

Terminados los preliminares, os ponéis el bocado, los guantes y las espinilleras. Es hora de hacer Sparring. Empezamos solo con puñetazos, después piernas y finalmente libre. Llueven los golpes, te tiran al suelo, el sifu te riñe por enésima vez cuando intentas algún golpe ilegal (la ingle, el cuello y la bolea hacia atrás son mis favoritos). Luego las cosas se ponen mas serias, cuando por parejas pasáis ante el a zurraros de lo lindo. Solo 3 minutos, pero después de varias rondas el cansancio se hace difícil de soportar. Los brazos te pesan, sientes que te mueves como una tortuga, y te palpita la sien de la última caricia que te ha hecho un compañero.




Ya completamente empapados en sudor, y con las extremidades que te pesan cien kilos, abandonáis el tatami para volver a la pista. Toca entrenamiento de formas; esta vez Chei Mei Kuan (el palo corto). Primero repasáis lo que sabéis y después avanzáis en la forma. Esta vez te toca sentirte más perdido que un pulpo en un garaje… perdiste algunas clases críticas que ahora vas a echar de menos. El palo así no, así. Eso esta mal, piensa. Si no te enteras como va, pues esfuérzate mas. Te he dicho que así no, es así…

Son las 13:30 y recogéis el altar. Charla con tus compañeros, cada cual comentando las mejores jugadas, un par de consejos por aquí y por allá, una ducha y os vais para casa.

Cojeas del pie derecho, y el hombro te promete cien futuros dolores. Tendras que tratárlos con linimento y aguantarte. Llegas a casa, besas a tu mujer y a tu hijo, hay que sacar al perro y preparar la comida… por la tarde a trabajar.

El martes que viene de vuelta al Kwon.

lunes, 20 de abril de 2015

Rubin “Huracán” Carter


Hoy se cumple un año de la muerte del ex-boxeador Rubin "Huracán" Carter, que pasó casi veinte años en prisión en EE.UU. por tres asesinatos que no cometió y cuya historia inspiró una famosa canción de Bob Dylan. Falleció en Toronto (Canadá) a los 76 años de edad, tras una larga lucha contra un cáncer de próstata.

Carter, que había nacido en 1937 en la localidad estadounidense de Clifton, empezó a boxear tras alistarse en el Ejército norteamericano. Pero tras su baja, Carter pasó cuatro años en prisión por robo.

Tras salir de la cárcel, en 1961 regresó al boxeo para convertirse en profesional del medio peso. Carter parecía tener un prometedor futuro tras acumular más de una docena de victorias, en su mayoría antes de tiempo, lo que le valió el apodo de "Huracán".

 

Tres cadenas perpetuas

Pero en 1966 Carter fue arrestado junto con un amigo y acusado del asesinato de tres personas en Nueva Jersey. Tras un rápido juicio, Carter fue condenado a tres cadenas perpetuas por un jurado compuesto exclusivamente por blancos.

Tanto Carter como su amigo, John Artis, negaron en todo momento su implicación en los asesinatos, pasaron sin problemas un detector de mentiras y los testigos no les reconocieron como los autores.

En 1974, Carter publicó una autobiografía The Sixteenth Round que atrajo la atención de grandes personalidades, como el cantante Bob Dylan o Mohamed Alí. Dylan se reunió con Carter en prisión, y tras quedar convencido que el exboxeador era inocente organizó varios conciertos benéficos para exponer su caso y en 1975 escribió la canción "Hurricane" que se convirtió en uno de los mayores éxitos de su tiempo.

 

Campaña por su liberación

Tras un segundo juicio en 1976, Carter y Artis fueron condenados de nuevo a pesar de que el principal testigo de la acusación era un conocido delincuente que en dos ocasiones había cambiado su historia.

Pero en 1979 un adolescente negro que vivía en Canadá convenció a un grupo de canadienses, entre ellos los abogados Leon Friedman y Myron Beldock, para que iniciaran una campaña para lograr su liberación.

Sus esfuerzos dieron resultado. En 1985 un juez federal dictaminó que la Fiscalía había actuado de mala fe durante los dos juicios anteriores. Tras dejar la cárcel, Carter se mudó a Toronto para vivir con la comuna de canadienses que habían hecho posible su liberación.

 

Su historia llevada al cine

En 1999, el realizador canadiense Norman Jewsion dirigió el largometraje The Hurricane, protagonizado por Denzel Washington (en uno de sus mejores papeles), sobre la historia de Carter.

Posteriormente, Carter se convirtió en un activista a favor de la liberación de presos que, como él, habían sido condenados por crímenes que no habían cometido.

Durante años el ex boxeador fue director ejecutivo de la Asociación en Defensa de los Injustamente Condenados en Toronto y finalmente creó su propia organización, Inocencia Internacional.

En 2011, al mismo tiempo que fue diagnosticado de cáncer terminal de próstata, Carter escribió otra autobiografía, Eye of the Hurricane: My Path from Darkness to Freedom.


Desde este blog, un recuerdo para este magnifico luchador.